Poema XXVI Sin avisar se cerró la puerta sin tiempo para reaccionar, o retirar alguna maleta con un proyecto de utilidad; como si fuera una lengua muerta derrotada por posteridad o se tratase de una maqueta que no duplica el original. Y queda este libro sin cubierta (y) sin contenido por revelar, con indiscutible como incierta voluntad de encontrar un final. A no ser que esta dichosa puerta no sea más que una entre un millar, generándose más de una oferta (y) varias opciones por explorar.
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Poema XXXI Sinceramente, ya no me acuerdo si alguna vez hubo primera hora, que lograra atracar en un puerto sin ser impedimento su eslora; si estuvo al alcance de los cuerdos más de una habilidad defensora con la que deshacer desacuerdos como el del crepúsculo y la aurora. Básicamente, yo ya no entiendo lo que atribuyen a una mejora, seguimos siendo esclavos del tiempo u obedientes siervos del ahora (y); queriendo o no seguimos omitiendo toda actitud sobrecogedora que nos lleva a acabar eligiendo entre varios tipos de zozobra.
Poema XXX ¿Y si las aves no mostraran plumas si ese perfume perdiera su olor; si no hubiera quién asiera columnas o diferencie entre gozo y dolor? ¿Y si al momento de pasar factura toda memoria escapase al control; si no existieran puntos de sutura capaces de sacarnos de estupor? ¿Y si se elevara como la espuma salvajemente y sin ningún rigor, totalidad de actuación que rezuma auge de anarquía del descontrol? Tal vez entonces golpes de fortuna dejen de considerarse un rumor, como la cara oculta de la Luna como ese de la batalla el fragor.
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